lunes, 7 de mayo de 2012

Comandante Tomás Borge: poeta de la fraternidad humana


Rafael René Corea 

“Mientras Nicaragua tenga hijos que 
la amen, Nicaragua será libre”.
Sandino

Nadie puede a nivel continental negarle a Tomás Borge la condición de poeta y de revolucionario. Además, yo agregaría la de poeta de la fraternidad humana, amigo de Lenin, del materialismo histórico y fundador del FSLN para la liberación de Nicaragua de la intervención extranjera  en Tegucigalpa en 1961.

El comandante Borge perteneció a esa extraña condición de hombre, que además de ser sandinista hasta los huesos, era también un revolucionario que se sentía orgulloso de ser socialista. El comandante Borge proyectaba un humanismo solidario con amor por los desamparados y luchó toda su vida contra la pobreza material y de espíritu, por aquellos que Franz Fanon llamó “los condenados de la tierra”.

El líder guerrillero sandinista perteneció a los hombres que el poeta socialista alemán Bertolt Brecht denominó “los imprescindibles”, es decir, los que luchan toda su vida, los que garantizan el ideal de la batalla por el socialismo, sin que por eso el comandante Borge abandonara su inmensa estatura sandinista o se alejara de la realidad de la política nacional, ni tampoco de la utopía socialista.

Su extraordinaria coherencia de su dialéctica guerrillera sandinista jamás tuvo ruptura con su análisis de las causas y los efectos del subdesarrollo de la sociedad nicaragüense y de las intervenciones extranjeras del pasado.

La desaparición física del Comandante no propicia, sin embargo, que su brillante inteligencia pase al olvido, pues su influencia política, moral y cultural en nuestro país, me permite citar al profesor Maro Menacorda, de la Universidad de Roma, cuando afirma que el socialismo hoy está llamado a aportar en la consolidación de una sociedad libre y democrática en estos tiempos de modernidad:

“Llamarse hoy socialista es simplemente reivindicar un proyecto de construcción de un mundo libre, como esencia misma de la libertad humana, en contraposición al conformismo marginizante que impulsa el neoliberalismo como fachada del capitalismo salvaje”. 

No quiero finalizar estas breves notas en memoria del comandante Tomás Borge, sin antes señalar otra condición personal de él como nicaragüense y revolucionario aportó a la nueva identidad del hombre latinoamericano, pues considero que al afirmar esta nueva identidad latinoamericana hay que intentar remontar los caminos que nos llevan al mundo, a los hombres, a la vida dura, a la lucha, a la revolución y Tomás Borge simplemente lo hizo.

Y al final, si es que logramos llegar, encontraremos lo que verdaderamente buscamos y necesitamos: una aventura humana fraterna, hecha, vivida, escrita por nosotros mismos, pues cuando la meta que nos propongamos sea noble, grande, ya entonces habremos dado un primer paso con nosotros mismos y así nuestra identidad latinoamericana empezará a desarrollarse, a manifestarse y será finalmente nuestra, y la “paciente impaciencia” habría terminado: ésta es la epopeya que nos lega el comandante Tomás Borge Martínez  a toda Nicaragua.

Aquí  unos versos con un hasta pronto para el comandante Borge:
“¿Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen
¿Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo”
Pablo Neruda
(Tercera Residencia)

viernes, 4 de mayo de 2012

JUAN BOSCH: La madre en el drama histórico de la isla.


Desde siempre  en el país, en los  procesos  de  campañanas electorales, los partidos contrarios se lanzan toda clase de improperios, se acusan mutuamente de todo tipo de travesuras, “que fulano  tal cosa”; “que mengano hizo esto…” en fin todo tipo de ofensas e insultos y acusaciones (Claro, unos más que otros) que luego pasada  las elecciones todo pasa al “cajón del olvido”. Pero sucede y viene hacer  que en la actual campañana,   cierto candidato se ha pasado de la raya. Nunca antes  en la historia dominicana, que se recuerde, se le había faltado el respeto  a su dignidad en condición de mujer, a la  sufrida y abnegada  madre dominicana que ha llenado de lágrimas, dolor y sufrimiento los caminos que han  tenido que recorrer  para que hoy exista  la República Dominicana. Lo peor del caso es que el  susodicho candidato no se para   de seguir  insultando  a mujeres dominicanas que no han hecho otra cosa sino servirle a la patria con desprendimiento.  Es propicia la ocasión, responderle a ese machista de viejo cuño  con unas palabras del Profesor  Juan Bosch dicha en 1963 en  la celebración  del día de la mil veces maltrata y ofendida  madre dominicana. (Movimiento 30 de Junio)

La madre en el drama histórico de la isla. 

JUAN BOSCH:

“Hoy es Día de las Madres. Lo celebramos el último domingo de mayo (…). En la religión católica de nuestro pueblo, la Madre es María, la virgen de los siete dolores. Y está bien que sea así, porque salvo el momento en que ve nacer al hijo y oye su primer grito, cuando la alegría de haber traído al mundo una nueva vida la embriaga como una copa de licor divino, la madre siempre sufre: sufre el dolor físico del alumbramiento y sufre toda la vida el dolor moral del miedo; miedo a que su hijo se le enferme o no sea el hombre bueno que ella espera o no resulte tan inteligente como lo desearía, y sufre cada hora la anticipación de la muerte de su criatura. 
(…) la madre de Jesús es el símbolo de la madre cristiana, y es por tanto el símbolo de la madre dominicana. ¿Quién ha sufrido más que esta madre dominicana? Sufrió cuando era india y llegaron los conquistadores españoles y echaron perros bravos al monte para cazar el hijo indio, y cuando tuvo hijo español y lo vio partir a la guerra para salvar el país de los piratas; sufrió cuando ya no era india ni española, sino mestiza (…)  y sufrió cuando era madre esclava y veía nacer al hijo condenado a la esclavitud, (…) La madre dominicana sufrió (…) y sufrió mucho más cuando llegaron los días de las guerras sociales(…) y cuando los haitianos entraron en la parte española y pasaron a cuchillo poblaciones enteras en Santiago, en Moca, en Cotuí y en las rutas del Sur. Cuando los hombres combatían en Palo Hincado, (…) fue ella, la madre dominicana, la que vio a los hijos partir hacia las batallas y enflaquecer hasta la muerte en la ciudad sitiada. 

Para hacer la Patria, entre 1844 y 1855, ¿quién dio hijos si no ella? ¿Quién quedaba con el corazón atribulado cuando los hombres iban a combatir en Azua o en Santiago? ¿De dónde habían salido los que cayeron en La Carreras y en Beller si no era del vientre de la madre dominicana? ¿y por qué rodaban a chorros las lágrimas cuando al poblado lejano, al campo perdido, llegaba la noticia de la muerte de un combatiente, si no era por las mejillas secas de la madre? La madre dominicana llevó sobre su alma el peso de la guerra cuando los españoles volvieron al país traídos por Santana y el pueblo se sublevó en Capotillo y comenzó aquella lucha sangrienta contra los que habían sido portadores de la civilización cristiana para sembrarla en nuestro suelo y en esa nueva ocasión eran ocupantes extranjeros de una República que a lo largo de once años había luchado en los valles y las lomas de la frontera y en las aguas del mar para que sus hijos fueran dueños de su patria. 

Mientras los hombres se mataban en Guanuma, (…) la madre dominicana esperaba en el bohío o en la casa de yaguas del pueblo que le llegara la noticia de que el hijo había caído en la batalla. Madre adolorida como la nuestra, ninguna; madre con el corazón deshecho por la angustia como la de nuestro pueblo, ninguna.  (…) nunca supiste en que perdido matorral quedó su cuerpo con una vena rota por donde la sangre que tú le diste había salido a chorros llevándose la vida que tú creaste para que fuera útil y hermosa. 

Madre adolorida, esta República descansa en la base misma de tu corazón; está nutrida por tu dolor, por el dolor que padeciste cuando la infantería de marina norteamericana se adueñó de esta tierra y se llevó tu hijo a empujones para que no protestara por el atropello que le habían hecho a la patria; está nutrida por tu dolor de siglos, sobre el cual apenas es una luz lejana el recuerdo de algunos días de paz perdidos entre los muchos días de padecimientos.  (…) ¿Cómo se explica, madre dominicana, que tu alma pudiera resistir tanto tormento y no estallara? ¿Quién podrá decirnos por qué no se secó tu vientre; Madre dominicana(…) es porque la resistencia de tu alma es infinita. Ciertos pueblos antiguos construían sus viviendas sobre el cadáver de un niño. Los cimientos de la patria dominicana están hechos sobre el dolor de la madre. No han sido los que han caído en los combates ni los torturados en las prisiones ni los fusilados en la noche ni los echados al exilio los que más han sufrido; ha sido ella, la madre, la que siempre tiene en el pecho una fuente inagotable de ternura y a la vez una llaga de amor que jamás se cierra. 

En este día de las madres debemos consagrar una hora a ella; a la madre de todos, a la que cada día pasa por nuestro lado sin que sepamos su nombre; a la que ya murió y a la que aún vive. No pensemos sólo en la nuestra, en la que nos llevó en su entraña y nos cobijó con su amor. (…) la siempre viva aunque haya muerto. Pero la otra, la de todos, la madre del sufrimiento dominicano, la madre que dio hijos para que hicieran patria y los dio para las guerras civiles y los dio para restaurar la República (…) ésa es la raíz misma de este pueblo, la fuente de su vida y tal vez la única explicación de su existencia. Sea para ella nuestra veneración… Pero nuestra preocupación debe ser para la madre pobre; la que en los ranchos de las ciudades y en los bohíos de los campos, a la luz de la “jumiadora” o de la lámpara,(…) Madre dominicana pobre, fuente del sufrimiento, flor de lágrimas: tus hijos duermen sin sábanas, tus hijos se levantan desnudos y pasarán el día desnudo o vestido de harapos; (...) Pero ten la seguridad de que miles y miles de dominicanos oran y luchan para que en esta tierra que te debe tanto amanezca un día la justicia sentada en la loma más alta y en el bohío más humilde, con las dos manos llenas del pan que te has ganado con tu dolor en todos los años de nuestra historia. Que el Señor te bendiga en este día, madre dominicana.” 

JUAN BOSCH:




JUAN BOSCH: EL POLÍTICO, LA VOCACIÓN Y EL OFICIO


No acepto la tesis de que el hombre es el producto de su propia psicología. Creo que la psicología humana es el producto de la sociedad; que ésta ha hecho al hombre tal como lo conocemos después de haber evolucionado a lo largo de millones de años. Podemos decir con toda propiedad que desde que empezó a hablar, y por tanto a vivir en sociedad, el hombre es socializado a partir de su nacimiento; la sociedad va formándolo a su imagen y semejanza para que sea una de sus partes integrantes, y eso se da lo mismo en una sociedad de recolectores que en una de cazadores, en la esclavista, la feudal, la capitalista o en la socialista. 

Toda sociedad va formando a sus miembros desde el momento en que nacen, y lo hace a través de la madre, del padre, del núcleo familiar, mediante una enseñanza que se va transmitiendo por medio de la palabra o por presión de los acontecimientos cotidianos. Esa presión es la que va creando la psicología de los seres humanos, lo que nos indica que la psicología es obra de la sociedad y no ésta de aquélla, aunque, como sucede en todo lo que vive, una influya en la otra y viceversa, para modificarse mutuamente. 

Los grandes hombres son productos inmediatos de las crisis positivas y negativas de las sociedades en las cuales se han formado y actúan, y digo crisis positivas y negativas porque no todas tienen el mismo signo y además porque de igual manera que hay grandes hombres positivos los hay que son o han sido grandes hombres negativos, que eso depende de quienes los califican. Simón Bolívar, que fue positivo para los hispanoamericanos fue todo lo contrario para la mayoría de los españoles, y sobre todo para los que sacaban provecho de la existencia del imperio español. 

El gran hombre aparece en los momentos decisivos de la historia de su pueblo, esto es, cuando una crisis hace estallar los moldes sociales en que ese pueblo ha estado viviendo, a veces durante siglos; aparece entonces porque sus condiciones de carácter, que generalmente han permanecido ocultas para todo el mundo y a menudo hasta para él mismo, le permiten desarrollar una capacidad de acción u otras formas de expresión de su personalidad que resultan ser las más adecuadas para dirigir a las masas en esa hora de crisis, pero esas condiciones de carácter habían sido elaboradas en el héroe por fuerzas de origen natural, como, por ejemplo, una determinada conformación cerebral, combinada con las presiones de la sociedad en que se había formado. Entre tales fuerzas ocupa un lugar decisivo lo que ahora llamamos ideología, que es un producto neto de la sociedad, aún si se trata de una parte de ella, como es la clase social de la persona que la comparte. 

En suma, que el hombre no es producto de sí mismo, de tales o cuales condiciones psicológicas, sino que es el producto de su sociedad porque ésta es la fuente de la psicología de la persona; y a tal extremo esto es así que en la sociedad de clases resulta fácil distinguir, a través de sus expresiones psicológicas, al capitalista del obrero y a éste del que le queda más cerca en términos clasistas, que es el bajo pequeño burgués pobre y muy pobre. 

En lo que se refiere a la vocación, todavía la ciencia no ha llegado al punto de determinar cuál es su origen, pero se sabe que son muchos los hombres y las mujeres que han sentido el llamado de una vocación, a veces desde los años más tempranos. Las personas que sienten ese llamado son capaces de hacer toda suerte de sacrificios para seguir el impulso que llamamos vocación. Unas abandonan a sus familias y se van a correr mundo en busca de ambientes en que puedan desarrollar las capacidades que les permitan ser lo que quieren ser; las hay que viven aventuras fabulosas y se juegan hasta la vida persiguiendo lo que creen que es su destino; y unas más, otras menos, todas tienen una convicción profunda, sin saber por qué, de que podrán hacer aquello que persiguen, y que haciéndolo se destacarán entre todos los seres humanos; alcanzarán la gloria o el poder, pasarán a ser personajes importantes e influyentes. 

¿Dónde está el origen de la vocación? 

Sin duda en el cerebro humano. Ese conjunto de materia orgánica que tenemos en la bóveda craneana está formado por miles de millones de células nerviosas o neuronas. Entre ellas las hay que tienen relación con el don de la palabra, con el de la vista o el olfato, y aunque el fenómeno de la vocación no haya sido debidamente estudiado, sin duda hay también, en el caso de las personas que sienten la vocación, las que emiten ese mensaje poderoso de la vocación que lanza a la persona que lo siente a hacer cualquier sacrificio para seguirlo. 

¿Por qué viene ese mensaje del cerebro de la persona que lo recibe? Porque antes de salir del cerebro éste había recibido el impulso que dio origen a lo que acabaría siendo la vocación. Por alguna vía, en los años de la infancia, al cerebro del músico llegaron los sonidos de un instrumento, o el elogio de ese instrumento o de alguien que lo tocaba, y por alguna vía llegó al cerebro de un niño la preocupación de una o de más personas por los problemas políticos o la admiración por un héroe popular; y en otros casos, las circunstancias llevaron a ejercer la carrera de médico a un sujeto que no sintió la vocación de curar enfermos, pero a lo largo del ejercicio de la profesión fue formándose en él una conciencia de su función social que acabó moldeando su vida al grado de que sintió la necesidad de consagrarse a la lucha contra la enfermedad y el sufrimiento físico. 

Aplíquese lo dicho al caso de los políticos, que pueden serlo por vocación pero también por formación como resultado de su trabajo social, y veremos que desde cualquier punto de vista que adoptemos, la sociedad hace al hombre como ente social, a veces de manera directa y a veces de manera indirecta; a veces valiéndose de ese poderoso impulso que llamamos vocación y a veces porque se impone esa especie de ley del desarrollo social que enunciamos diciendo que en la medida en que el ser humano va haciendo un trabajo ese trabajo va haciendo al ser humano. 

Hablemos ahora del oficio del político, esto es, de aquellas personas que se dedican a la actividad política y no hacen otra cosa, al menos como tarea principal en sus vidas. Los que podríamos llamar políticos de oficio aparecen en una sociedad cualquiera, lo mismo en la esclavista griega o romana que en la feudal, la capitalista francesa o norteamericana o la socialista de la Unión Soviética o de Cuba, como resultado de la división social del trabajo, pues así como al médico le toca la tarea de curar a los enfermos y a los maestros la de enseñar a los niños, así al político le toca la de manejar el aparato del Estado, y para manejar ese aparato hay que saber organizar y dirigir hombres agrupados en partidos, sindicatos, asociaciones, actividad sumamente difícil, complicada, delicada, porque en la Tierra no hay material más volátil que el ser humano. 

En una sociedad de capitalismo tardío como es la de la República Dominicana, la división social del trabajo es tan lenta que es ahora, ya entrado en los últimos veinte años del siglo XX, cuando comienzan a formarse los políticos dominicanos de oficio, y todavía en 1981 hallamos que en la clase dominante abundan las personas que consideran al político de oficio como una plaga maligna de la cual se habla con palabras denigrantes. En el país hay gentes que parecen políticos porque actúan en la vida pública, pero ignoran de manera increíble qué es y cómo funciona el aparato del Estado, y no entienden una palabra de la relación que hay entre la economía, la sociología y hasta la historia y las funciones políticas. Pero ésa no es una característica propia nada más de nuestro país. Lo es de la mayoría de los que forman el llamado Tercer Mundo. En muchos de ellos la política es el escenario donde se exhiben personas que andan en busca de su promoción social porque detrás de ella está la promoción económica o están los privilegios que puede proporcionar el Estado con su poder político y económico, como por ejemplo un cargo de embajador en París o en Roma, ciudades donde la vida es dulce, para decirlo con el lenguaje del cinematógrafo, y abundan las mujeres hermosas que se sienten atraídas por los personajes exóticos. 

El oficio de la política es tan necesario y tan útil en una sociedad que sin él ninguna podría sostenerse sobre sus propios pies. Mantener funcionando el aparato del Estado es un trabajo arduo y tan eminentemente necesario que no hay manera de concebir la existencia de una sociedad que no esté organizada en Estado, no importa cuál sea el tipo de ese Estado. Y por otra parte, una clase dominante no puede convertirse en una clase gobernante si no tiene a su disposición la cantidad y la calidad de políticos de oficio que son indispensables para que el aparato del Estado funcione en toda su capacidad, sin tropiezos que lo hagan tambalear y caer en el desorden, espectáculo que hallamos con frecuencia excesiva en la historia de los países de capitalismo tardío. 

De los políticos que han llegado a la política impulsados por la vocación salen los grandes guías de sus pueblos, pero de los que ejercen concienzuda y pacientemente el oficio político depende en gran medida la estabilidad social en cualquier régimen, puesto que no estamos hablando de ningún sistema en particular sino de la política y su razón de ser en forma abstracta; esto es, de los principios que la rigen en cualquier tipo de sistema social y político de los varios que ha conocido la historia humana. 


miércoles, 2 de mayo de 2012

Entrevista a Marta Harnecker - El futuro de la izquierda


María Rivera

"No existe una crítica al capitalismo de hoy como la que Marx hizo al de su época." 

Marta Harnecker está de regreso con un pensamiento renovado. Desde su perspectiva, el escepticismo hacia la política y los políticos, así como la falta de propuestas alternativas, son los principales retos que enfrenta la izquierda actual. Signo de su transformación es el entusiasmo que expresa ante la portada de la edición canadiense de su última obra: La izquierda en el umbral del siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, que muestra una fotografía de las protestas del movimiento antiglobalizador en Quebec. En cambio, le disgusta que la latinoamericana mantenga los retratos de Marx y el Ché. "Es como anclarme al pasado"

Lleva escritos 40 libros, la mayoría testimoniales, pero todos la recuerdan por uno: Los conceptos elementales del materialismo histórico, publicado en 1969, que ni la misma autora sabe en qué edición va: "Creo que 63 o 64". La cifra no es sorpresiva si se considera que en los años de los setenta y ochenta no hubo estudiante de nivel medio que consiguiera evadir el texto. Generaciones de latinoamericanos lo aprendieron de memoria, convirtiéndolo en una especie de catecismo laico. A la caída del campo socialista aquella influencia volvió a la investigadora chilena centro de toda clase de críticas y descalificaciones. 

Fueron tiempos duros, un poco más llevaderos porque los vivió en Cuba, al lado de su compañero, el recientemente fallecido Manuel Piñeiro Losada, Barba Roja. Procreó una hija y reflexionó sobre las experiencias socialistas fracasadas. Se replanteó el concepto de política. Ahora ve a ésta como el arte de construir fuerzas y para ello, explica, hay que estar donde se encuentra la gente, junto a los movimientos y los actores sociales.

La actual Marta Harnecker también rompe esquemas en otros ámbitos. Su cuidadoso aspecto y su desparpajo caribeño están muy alejados de la imagen que cabría esperar de una teórica marxista. Su edad es algo que nunca dice, prefiere que cada quien saque sus conclusiones. "Mi primer libro lo escribí en 1969 y mi hija tiene 22 años. Cuando me preguntan cuántos años tengo esquivo la respuesta diciendo que fui un genio precoz... o que, como dicen los cubanos, tengo mucha juventud acumulada". Sólo cuando comienza a hablar de su gran pasión, la política, se pone seria.

Después de la caída del Muro de Berlín sobrevino el ostracismo. Su obra fue descalificada, ¿existe perspectiva suficiente para evaluar lo sucedido?

La descalificación estuvo relacionada con Los conceptos elementales del materialismo histórico. Como había formado generaciones de jóvenes me atribuyeron la responsabilidad prácticamente de todo. Llegó una reacción anti formación marxista, y sobre todo anti manual, y aunque yo siempre dije que ese libro fue hecho precisamente como respuesta a los manuales soviéticos, porque creo que el pensamiento marxista no se puede reducir a eso, lo incluyeron en el descrédito.

Pretendí dar elementos para leer a los clásicos a gente que no tenía formación. Trataba de facilitarles la lectura, no de suplantar a Marx. Pero por desgracia uno era el propósito y otro lo que sucedió, porque los alumnos aprendían el texto de memoria convirtiéndolo en una especie de dogma. En 1985, incluí un prefacio para explicar todo eso que se llamaba el marxismo, un anti dogma. Quise impedir la más reciente edición para reestructurar el libro, porque existen cosas mal enfocadas, pero lo publicaron contra mi voluntad."

Las baterías no sólo se enfocaron hacia usted, todo un pensamiento fue pasado por la guillotina.

Caído el socialismo, se llegó a la conclusión de que el marxismo no servía, como si la prueba de su validez hubiera sido el socialismo real. Ahí, coincido con Eduardo Galeano, cuando dice que fuimos invitados a un funeral cuyo muerto no era el nuestro. Porque el socialismo que desapareció no era el de nuestras utopías. Nosotros lo que pretendíamos era una sociedad más justa, más igualitaria y con mayor protagonismo de la gente, mientras que en el socialismo desaparecido todo se decidía arriba sin participación popular en la toma de decisiones. Si cayó tan rápidamente fue porque nadie lo sentía como suyo.

Y llegó la crisis de una visión del mundo... 

Por supuesto, hubo un periodo de crisis muy grande. Todos los involucrados en la producción teórica de izquierda tuvimos y tenemos grandes interrogantes, algunas todavía no resueltas. Sin embargo, la propia crisis del neoliberalismo, cuando algunos lo pensaban exitoso, ocasionó que muchas personas empezaran a darse cuenta de que se requiere otro tipo de sociedad. Eso ha llevado a que retomemos los orígenes de los creadores del socialismo y que busquemos respuestas en otras experiencias. Ahora muchos de nosotros estamos valorando las experiencias prácticas de lógica no competitiva, solidaria. Si bien no son la solución global sí contienen formas de gestión, de democracia o de valores que son importantes para una nueva sociedad.

En lo personal, ¿cómo vivió aquel tiempo? 

Me golpeó. Me sentí responsable porque no tenía respuesta para tanta pregunta que me hacían. Fue más llevadero porque vivía en Cuba. Tuve a mi hija y me dediqué a entrevistar a más de cien dirigentes sociales latinoamericanos, parlamentarios, secretarios generales y comandantes, en busca de respuestas.

¿Nunca cayó en el pesimismo? 

No, básicamente soy optimista, aunque pienso que la izquierda está en crisis y que no vemos un horizonte socialista. Nuestra generación pensaba que había que llegar al poder y transformar la sociedad desde arriba, y una de las cosas que hemos aprendido es que la democracia es un proceso cultural, y que para que éste se produzca hay que trabajar políticamente desde los espacios en donde estés.

¿En qué apoya su optimismo? 

En las experiencias de gobiernos locales de izquierda, donde se ha podido lograr prácticas políticas distintas, como en Porto Alegre o en territorios del movimiento de los Sin Tierra, en Brasil. Lo que produce mayores ganancias a la izquierda es concentrar fuerzas en un espacio delimitado. Cuando la gente ve prácticas transparentes, no corruptas, que delegan poder a la gente y priorizan a los más desvalidos se produce un cambio. Cuando los Sin Tierra toman un lugar y crean formas de producción más cercanas a la lógica de la solidaridad que a la del lucro, forman mercados locales diferentes. Hay que estudiar experiencias sociales concretas para aprender de ellas.

¿La sorprendió el movimiento antiglobalización surgido en Seattle? 

No, a mí lo que me impresionó fue su nivel de organización y la forma en que lo lograron, mediante los avances surgidos en la revolución científico-técnica. La idea de que estas transformaciones fragmentaron a la clase obrera causa rechazo en muchos, pero esos muchachos muestran que se puede dar una nueva orientación a toda esa tecnología. Pero también percibo que cuando terminan las movilizaciones esos jóvenes no saben qué hacer. Los movimientos y los actores sociales deben  entender que necesitan un instrumento político articulador capaz de formular propuestas alternativas y unificar voluntades.

¿Un partido? 

No sé si esa sea la forma que se necesita. En Uruguay, donde desde mi punto de vista se encuentra la izquierda más madura del continente, lo que existe es un frente amplio. Lo que no se debe perder de vista es que los procesos deben estar por encima de los intereses partidarios y que se tienen que respetar las diferencias y las militancias de distinto tipo.

Para usted, ¿cuáles serían los principales problemas que tiene la izquierda latinoamericana hoy? 
El escepticismo de la gente hacia la política y los políticos y que no tenemos alternativas a conseguir. No existe una crítica al capitalismo de hoy como Marx la tuvo hacia el de su época.

¿Cuál sería su evaluación después de todo lo vivido? 

Me siento plena, creo que han valido la pena las cosas que he hecho. Lo que lamento es la falta de tiempo cuando hay tantas cosas que hacer por delante: formar gente, reflexionar más sobre las experiencias socialistas que fracasaron y construir alternativas... ¡Ah!, y leer. No tengo tiempo de revisar otras cosas más que teoría, aunque ahora, antes de dormir, estoy leyendo una novela de amor que habla sobre los problemas de Afganistán.


Tomado de Revista Memoria

martes, 1 de mayo de 2012

Los escritos de Máximo Gómez

Marta Denis Valle *

La Habana (PL) El joven dominicano Máximo Gómez radicalizó su pensamiento al unirse en 1868 a la causa de la independencia cubana y puso en la mira la defensa de todo pueblo hermano.

La experiencia militar, y una rara destreza al escribir tras cada combate, hacen de los Diarios de Campaña de Gómez (1868-1899) fuente segura no solo para el estudio de la Historia de Cuba, sino también de la vida, sentimientos y ética de quien es considerado el mejor general anticolonialista de finales del siglo XIX americano.

Se trata de anotaciones breves y un admirable poder de síntesis en alguien de escasos estudios elementales, al entrar voluntario a las filas del ejército en su país natal, aún adolescente, en acciones militares contra la invasión haitiana.

Luego alcanzó el grado de comandante de caballería de las reservas dominicanas del ejército español y, con esas fuerzas evacuadas, llegó en 1865 a Cuba, donde pidió su licenciamiento, estableciéndose en El Dátil, jurisdicción de Bayamo.

En suelo cubano conoció el régimen esclavista y, según dice en notas autobiográficas (20 de octubre de 1894), "muy pronto me sentí yo adherido al ser que más sufría en Cuba... el negro esclavo... y realmente supe que era capaz de amar a los hombres".

A pesar de cierta desconfianza por su antecedente al servicio de España, comenzó a conspirar junto a los cubanos "...enamorado de aquel ideal generoso y noble" y "soñaba con Bolívar, San Martín, Robespierre, Garibaldi y toda esa gente loca y guapa, pero soñaba despierto." 

Las primeras anotaciones del futuro Diario de Campaña abarcan desde enero de 1868 al 27 de febrero de 1878, es decir, el momento en que se une a los conspiradores independentistas hasta los preparativos de su partida hacia Jamaica, tras la firma del Pacto del Zanjón.

El 18 de febrero de 1878 se había despedido de su mejor alumno, el mayor general Antonio Maceo, quien no aceptaba la paz sin independencia, y al siguiente día de la familia de éste, guiado por otro de sus discípulos, José Maceo.

"Fue una de esas noches tristes para mi metido entre todas aquellas mujeres tan patriotas, compañeras de nosotros en las montañas durante esa terrible lucha de diez años, en donde tanto habíamos sufrido".

El 21 de diciembre de 1877 había anotado:"21, día terrible para mi, mi corazón se destroza de dolor pues tengo que separarme de mi esposa y mis hijos, haciendo que se presenten a los españoles para ver si logran embarcarse para Jamaica y allí reunirse con mis hermanas, mientras yo quedo aquí cumpliendo lo decretado por fatal destino".

"El mismo día huyendo de esta zona, como queriendo huir de recuerdos que llevo en el alma, me dirijo rumbo a Carrasquilla. Hay dolores que se sienten pero no se pueden explicar".

Día 31, último del 77 -escribe más adelante-, se concluye el año, uno de los más funestos para la revolución de Cuba... además de la terrible campaña del general español Martínez Campos, los cubanos divididos y en desacuerdo han impreso un sello de debilidad y decadencia a la revolución que será muy difícil encarrilarlo por una vía segura a su triunfo.

Gómez, no obstante, siguió con Cuba en su corazón y pensamiento, como puede leerse en la Epoca segunda de su Diario (1 de marzo de 1878 - 1 de enero de 1884). El 11 de marzo de 1878 llega a Kingston, Jamaica; allí encuentra a su esposa e hijos, "en la más espantosa miseria", señala. "Mi situación es tristísima, no cuento aquí con ningún amigo y antes por el contrario, la emigración cubana residente me acusa de que yo soy el causante del Convenio del Zanjón...".

A Gómez se le ocurre escribir un folleto; de día trabaja con el hacha y el machete, de noche escribe pero no tiene siquiera para el papel.

Su familia pasa hambre y sufre enfermedades: "nos estamos manteniendo casi con mangos".

El 22 de abril de 1878 escribió una carta a Juan Bellido de Luna, director de La Independencia (Nueva York), solicitándole la publicación de un relato de los últimos sucesos de Cuba, el cual fue insertado en ese periódico entre septiembre y diciembre de 1878.

Le dice que ha tenido la fortuna de conservar los apuntes desde que comenzó a conspirar en Bayamo, donde tiene anotados la mayor parte de los acontecimientos más importantes ocurridos, pero se limitará a lo que atañe a su persona.

"...lo que voy a decir no lo sé por referencia, sino que lo he visto, lo he oído y lo he tocado".

Empieza la narración en julio de 1871, para que puedan conocer mejor las causas de tal efecto, y "pueda otro con más inteligencia señalar en que hora funesta y desgraciada comenzó el engendro del abrazo del Zanjón", agrega.

A quien dio todo por su segunda patria le resulta insoportable cargar con una culpa, si la hubo, no suya, y con mucho sacrificio publicó en 1878 el folleto "Convenio del Zanjón. Relato de los últimos sucesos en Cuba", en el cual narra las causas que originaron el Pacto del Zanjón.

El texto amplía un trabajo anterior de finales de 1876, titulado Grandezas y miserias de la invasión de Las Villas, que no dio a conocer entonces por recomendación de un amigo pues, según él, podía hacerle algún daño a la revolución porque Cuba no estaba para verdades.

Resulta el primer documento escrito sobre el Zanjón por uno de los protagonistas de la primera gesta independentista cubana, de notable importancia para los estudios historiográficos de ese proceso.

Los trazos primarios del guerrero que quiso atrapar sus vivencias, y una prodigiosa memoria, sirvieron para recrear con maestría de escritor sin serlo, algunos de sus trabajos más célebres: El héroe de Palo Seco (1882) y El viejo Eduá o mi último asistente (1892).

No menos impresionante fue su amplio manejo epistolar, ya sean cartas a compañeros de armas, personalidades de la época y familiares.

Sirven de ejemplo Páginas dedicadas a su hija Clemencia (1881) y las cartas a su esposa Bernarda Toro (27 de julio de 1896) y a María Cabrales, la viuda de Antonio Maceo (primero de enero de 1897).

En ellas revela a Clemencia los sentimientos y ética del joven Gómez, a Bernarda cuenta la odisea del general José Maceo y pide a María llorar por ambos las muertes de Antonio y de su hijo Panchito (Francisco) Gómez Toro, juntos caídos en combate el 7 de diciembre de 1896.

General en Jefe del Ejército Libertador (1895-1898), Gómez peleó en la primera y la última guerra por la independencia de Cuba; fue reconocido cubano por nacimiento aunque había nacido en Baní, República Dominicana, en 1836; falleció el 17 de junio de 1905, en su domicilio habanero.

De la última guerra independista expresó sus sentimientos en Mi escolta... "los que se sacrificaron por la Patria han de aparecer cada día más grandes y dignos de la apoteosis humana. ¡Ea, pues, compañeros: O junto con Ricaurte, o al lado de Bolívar y San Martín!".

Gómez profetiza que "la independencia de Cuba será un suceso de trascendencia tanta para el mundo, que no habrá una sola porción de Europa y América que pueda sustraerse a su influencia bienhechora".

Uno de sus últimos escritos dedicó a su amigo puertorriqueño Eugenio María de Hostos (El Mundo, La Habana, 5 de septiembre de 1903), de quien dice: escogió mi patria para soportar las amarguras de su destierro y allí labró su tumba.

*Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina.



Rafael Correa un paradigma


Winston Orrillo (Tomado de Cubadebate)

Me gustaba poner como ejemplo de mi simpatía por el presidente Rafael Correa, el hecho de que me pareció, siempre, paradigmático su gesto de mandar, al tacho de basura, al TLC. Esto lo he repetido muchas veces, incluso a diplomáticos de ese país en el mío, y nada.

Claro que nada, porque el Perú se prosternó, obsecuentemente, ante ese especioso instrumento legal cuyas deletéreas condiciones nadie, hoy en día, puede ignorar.

Además, estaba la actitud del joven presidente de mandar de vuelta a los gringos y que se vayan con su base militar a una patria que se prosterne, pero no a la suya, cuya imagen iba creciendo “como crece la sombra cuando el sol declina” para citar a un poeta familiar.

Y respecto a la muerte, me gusta citar el verso de nuestro entrañable vate Alejandro Romualdo: “Y no podrán matarlo…”.

Se refería él, claro está, a José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, pero analógicamente el gran bardo hacía extensiva la imagen a la lucha impertérrita del hombre por su libertad, por su independencia (el rebelde grito de nuestro prócer fue el primero que se alzó contra el colonialismo español, en la América morena).

Y ahora, Rafael Correa pone el pecho a los vermiformes “rebeldes” policíacos que, con un pretexto baladí, arremetieron contra su autoridad constitucional, lo agredieron, precisamente cuando él tuvo el valor de dar la cara e ir a explicar la posición del Gobierno frente a reclamos espurios, formulados por los policías, a los cuales, según palabras del Primer Mandatario, ningún otro Régimen había tratado con mayor deferencia.

Pone el pecho Rafael Correa, consciente de su inmortalidad y de que la causa de la justicia social de su revolución ciudadana, no podrá dar marcha atrás. Por eso él dijo, con palabras de conocido resabio ya histórico, “Hasta la victoria, siempre”.

Porque la muerte -o la prisión- no son sino, parafraseando a nuestro penate, José Carlos Mariátegui, un “accidente de trabajo”.
Y porque nadie que conozca a medias lo que sucede en los predios del acontecer de hogaño podrá creer que muertos están Martí, Mariátegui, el Che, Ho Chi Minh, Agostino Neto o ese otro Presidente valeroso y paradigmático, el querido Salvado Allende.

En esta lista incompleta se puede situar la conducta del Presidente Rafael Correa, al enfrentar a los seudo rebeldes del Regimiento de Quito, policías o matarifes inquietos porque se les habría recortado privilegios y/o prebendas que, en su lugar, se han convertido en un enjundioso aumento de sueldos, nunca antes asignado al cuerpo policial.

Pero todo esto no era sino un pretexto: la madre del cordero se hallaba en ese nada zahorí malestar de la oligarquía ecuatoriana, sabedora -¡cómo no!- de que, al frente del palacio de Carondelet tenían no al acostumbrado y obsecuente mandatario de pacotilla, fámulo del imperio de Wáshington, sino a un joven dirigente nacional, convencido de la justicia de la causa popular, y adherido al concepto de que esta gran humanidad ha dicho ¡basta! y su marcha de gigante no se detendrá sino hasta conseguir su Segunda y definitiva Independencia (paráfrasis de la Declaración de la Habana).

Según la inteligente tesis del admirado periodista Atilio Borón, tres fueron los factores que determinaron esta victoria de la Revolución Ecuatoriana (ya habría que irla llamando por su nombre). Primero: la movilización popular interna. Segundo: la solidaridad internacional. Y tercero la valentía del Presidente Correa. todo lo cual determinó el aislamiento de los sediciosos, lo que debilitó su fuerza y facilitó la operación de rescate, efectuada por un cuerpo de elite del ejército ecuatoriano.

Me interesa sobre todo subrayar la valentía del joven y pugnaz Presidente Correa. Y, por antítesis, recordamos a un vermiforme que, con el título apócrifo de “presidente” gobernara nuestro país (ahora está preso pero la derecha fascista peruana cabildea para lograr su “libertad” mediante el brulote del lanzamiento a la Primera Magistratura de su hija, cuyo leit motiv para tentar la presidencia es la liberación de su delincuente progenitor). Bueno, pues el mencionado presidiario, apenas se enteró que había movimiento de tropas contra él, corrió, como una rata asustada a refugiarse en la Embajada de su real país: Japón.

Y hay otro que huyó por los techos y acabó con residencia en París, a la espera de que sus reales delitos prescribieran…En fin, la antítesis de un Allende que, rifle en mano (que es como diría Cervantes lanza en ristre) esperó al agresor tarifado por la ITT, que no podía permitir que se conculquen sus “derechos”…de seguir esquilmando al pueblo de Chile.

Por eso son muy justas las palabras (poesía popular, forma: decimas) de Y. Sánchez Cuéllar que dicen:

“Al presidente Correa
los humildes lo prefieren.
Por eso los ricos quieren
derribarlo como sea.
Ayer libró una pelea
contra el motin preparado
de modo cruel, despiadado
desde el puesto policial
y cuya intención final
buscaba un golpe de Estado.
Pero el pueblo respondió
y dijo ¡Correa es nuestro!
De esa manera el secuestro
solo unas horas duró”
¿Dicen que vox populi es vox Dei?
En este, como en otros casos, tiene razón el aforismo.
Lo demás viene por añadidura

La reunión de UNASUR de dos horas y media con sus siete puntos de apoyo al heroico y paradigmático Presidente Correa, pero lo que más me gustó, en ella, fue la presencia de ese hermano mayor suyo -la verdadera bête noir para la derecha fascista y mediática internacional.

Me refiero al querido Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, comandante Hugo Chávez, quien no pudo con su genio (que es el nuestro) y urgió a USA a no meter sus viejas manos imperiales en nuestro Continente.

Digno colofón de un cónclave que tiene mucho de florilegio diplomático y que algunos presidentes (son conocidos los nombres y no queremos manchar esta nota de panegírico del admirado y admirable Rafael Correa): algunos, y esto no escapa a nadie han tenido que subirse al carro de la defensa de la “democracia” cuando en sus países ejercen, con el celestinaje de la OEA y de Wáshington verdaderas satrapías, en nombre del statu quo y del neoliberalismo todavía existente.

  

Guerrillero del Tiempo y su vínculo con la historia dominicana

Santo Domingo, 29 ene (PL) El escritor dominicano Hamlet Hermann afirmó que la obra testimonial cubana Guerrillero del Tiempo, contiene muchas novedades que desconocía de la historia reciente dominicana.

El columnista del diario Hoy adelantó a Prensa Latina que en su artículo del próximo lunes aborda su apreciación del libro contentivo de las conversaciones del comandante Fidel Castro con la escritora Katiuska Blanco, editado recientemente.

La autora tuvo la habilidad de conducir las extensas narraciones del líder histórico de la Revolución Cubana con maestría. Sus pesquisas ajustaron y pusieron en su lugar los recuerdos del pasado, hechos de memoria por Fidel Castro.

Aunque con las características físicas de un libro, en opinión de Hermann el texto en realidad pone al lector en el escenario de los hechos narrados, aunque sin derecho a hablar, así de realista es el extenso diálogo.

Algo que se hace evidente, según el ingeniero devenido escritor, es la devoción que pone el testimoniante en el internacionalismo y, en particular, el relacionado con la República Dominicana.

Hermann dice que quizás los textos de historia de las escuelas cubanas ayudaron al comandante Fidel Castro a descubrir el internacionalismo dominicano a través de los cinco generales de Baní que participaron en la guerra contra el colonialismo español por la independencia de Cuba.

 Fidel describe en este diálogo algo ya conocido por los relatos de Celia Sánchez, dice el autor dominicano, las luchas de dominicanos y cubanos contra la opresión siempre han sido una y la misma cosa.

Por ejemplo, en 1947, cuando Fidel Castro cursaba el segundo año de leyes en la Universidad de la Habana, era presidente de la Federación de Estudiantes de esa facultad y desempeñaba la presidencia del Comité Pro-Democracia Dominicana.

Es en ese contexto que se inscribe el relato detallado del proyecto anti trujillista conocido como la Expedición de Cayo Confite.

Dice Fidel al respecto que tenía muchos amigos dominicanos exiliados en Cuba y cuando se habló de organizar una expedición para derrocar la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, se sintió moralmente obligado a participar, aunque este fue traicionado por aliados del tirano en Cuba.

Sobre Juan Bosch, el testimonio dice que de todos los dominicanos que conoció Fidel Castro, el profesor fue el que más le impresionó. El otro fue Ramón Mejía Castillo, quien más tarde fuera el piloto del yate Granma, barco que condujo a los revolucionarios a Cuba, donde se inició la lucha armada en la Sierra Maestra.

Nueve años después, señala Hermann, Mejía (Pichirilo) sería comandante constitucionalista en la lucha contra la invasión de Estados Unidos a República Dominicana.

Hamlet Hermann llegó así a la conclusión que Guerrillero del Tiempo debe ser lectura obligatoria de todos los dominicanos porque algunos de los episodios narrados por Fidel Castro se asemejan a situaciones actuales de este país que deben corregirse sin demora.