sábado, 24 de marzo de 2012

Frases y pensamientos de Juan Bosch

“Si no puedo ver por mí mismo la liberación de este pueblo, la veré a través de mis ideas”. 

“Nuestra aspiración es que un día, cuando los niños que están empezando hoy a hablar sean hombres viejos y de nosotros no quede si no una cruz sobre una tumba, esos viejos les digan a sus hijos que el compañero Juan vivió y murió pensando cada hora de cada día en servir a su pueblo”. 

“Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: “Nació en la Vega, República Dominicana. El 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”. 

“Nadie se muere de verdad si queda en el mundo quien respete su memoria”. 

 La historia y el futuro de los pueblos 

“El porvenir de los pueblos es obra de sus hijos más que de sus padres, de los que viven y de los que van a vivir, más que de aquellos que rindieron sus tareas y se marcharon con los siglos. La obra buena de los muertos, como su obra mala, es propiedad de la historia; pero la obra buena del porvenir es el fruto de las buenas intenciones y de la capacidad para convertirlas en hechos”. 

“Hay personas que creen que los hechos históricos son producidos por los grandes hombres, y resulta que es al revés; son los hechos históricos los que producen a los grandes hombres”. 

“Ningún hombre es superior a su pueblo”. 

La verdad, el valor y la lucha 

“No hay arma más potente que la verdad en mano de los buenos”. 

“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios”. 

“Toda obra digna para a menudo bajo las sombras de la infamia; el que combate, sin embargo, no puede detenerse ante la infamia”. 

“El valor por sí sólo sirve para matar y morir, no para dirigir y triunfar”. 

“La lucha de los pueblos es constante; nacen mártires donde muere uno: florecen las ideas allí donde las persiguen; un pasado heroico, cuajado de nobles hombres, estimula a los jóvenes e ilumina el porvenir”. 

“Los hombres no saben vivir aplastados por el terror, y allí donde sufren, allí alimentan la esperanza de vencer al infortunio”. 

La virtud, el deber y los hechos 

“Los pueblos dignos, como los hombres con estatura moral, buscan dar, no recibir; buscan ayudar, no pedir ayuda”. 

“No basta tener ideas; hay que hacerlas realidad en lo grande y en lo minúsculo”.
“El hombre no puede cumplir su destino en la sociedad sino convierte sus ideas y sus deseos en hechos, porque sólo los hechos tienen verdadero valor en la vida social”. 

“Sólo quien reconoce la grandeza ajena puede ser grande, y que los que discuten la gloria de otros carecen del derecho a disfrutar la propia”. 

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno, y el hombre no debe aspirar a ser perfecto sino bueno nada más. Cuando se pasa de los límites de lo bueno y se entra en el afán de la perfección, lo que se hace es cultivar la vanidad, la vanidad individual; cultivar un sentimiento realmente mezquino, porque es un sentimiento que se limita a la persona que lo tiene. Por tanto no se debe ser perfeccionista, pero se debe tratar de hacer las cosas bien”. 

La educación y la formación de la consciencia
“El destino de cada uno está en la educación que se le haya dado. Para que su conducta sea buena, el hombre tiene que ser mejor educado”. 

“Hay que educar al hombre para que respete las leyes. Sin leyes no hay sociedad humana, y las leyes sólo tienen valor si cada persona las acepta y las respeta y las hace respetar”. 

“La creación de la consciencia moral es el fin último de la evolución social. Lo que persigue el hombre es lo bueno. Lo bello, lo útil, lo justo y lo verdadero están dirigidos al establecimiento de una sociedad en que la consciencia social esté tan educada y evolucionada, que la bondad sea un principio naturalmente ejercido por todos” 

“La libertad es un bien que no puede ponerse en peligro por debilidades, y el aire de la libertad se contamina de sutiles venenos allí donde en su nombre se permite que florezca la villanía 

“No es ciudadano el que ignora cuáles son sus deberes y cuáles son sus derechos (…). No puede haber paz donde no hay consciencia cívica y no hay consciencia cívica donde no hay cultura”. 

El trabajo, la disciplina y la mística
“Los jóvenes que aspiran a ejecutar su obra de un día para otro se exponen a desencantos dolorosos, pues nada que no tenga sus raíces en el tiempo puede perdurar. Y la única manera conocida de enraizar algo en el tiempo es trabajando”.
“Cuando se está ante una tarea larga y complicada, es mejor madrugar lo más que se pueda y acostarse sólo cuando ya no queden fuerzas para seguir en pie”. 

“Toda obra de la creación – del hombre o de la naturaleza- se realiza en el seno del tiempo, y hay una sola manera de llevarla a cabo, que es trabajando. El creador, pues, está obligado, por la misma fuerza que lo lleva a crear, a sumergirse en el tiempo para trabajar.” 

“No podría haber disciplina donde faltara la mística, pero tampoco podría haber mística donde faltara la disciplina, y nadie puede imponer la disciplina allí donde trabajando en una misma tarea cada quien la lleva a cabo como le parece, no como debe hacerse”. 

El amor como fuerza creadora 

“Sin amor es imposible hacer algo creador. La gallina, que es considerado el más cobarde de los animales domésticos, se lanza como pequeña fiera emplumada sobre el que se acerque demasiado a sus polluelos. El amor hace fuerte a los débiles y valientes a los cobardes. El amor obra milagros”. 



El escritor, la cultura y la humanidad 

“El escritor es un hombre de su tiempo, y siendo un hombre de su tiempo tienen que afectarle las condiciones en que vive el pueblo, la situación general del mundo, y éstas preocupaciones se van a reflejar en su obra”. 

“Prefiero al escritor comprometido, pero comprometido son la causa buena, y la causa buena es la lucha por la liberación de los pueblos, por la liberación de los hombres. La causa buena es la que señala un rumbo, un camino hacia el futuro, un camino hacia el mayor bienestar de la humanidad, no de una minoría que viva a expensas el resto de la humanidad, sino de la humanidad completa. El escritor debe tener una conciencia bien clara de que el mundo mejor sería el mundo donde todos pudieran ser escritores y pintores y músicos y bailarines y cantantes. Es decir, el mundo donde las facultades humanas, las mejores facultades humanas, se expresaran son mayor intensidad y mayor brillo”. 

“No creo que literatura puede cambiar el mundo, pero creo que la literatura como toda actividad humana, contribuye a iluminar la mente de los hombres, y que puede embellecer, enriquecer mucho la vida del hombre. La literatura no puede escapar de ninguna manera a la realidad social, económica, política, cultural, de los seres humanos”. 

“En su significación más amplia y profunda, la palabra cultura significa la acumulación de todos los conocimientos y de todas las artes que la humanidad ha venido creando en su larga lucha en dominar la naturaleza que lo rodea, de la cual saca su sustento, su techo, lo que la viste y cura, y en suma, todo lo que ha necesitado para mantenerse con vida y constante evolución”. 

La patria y los patriotas 

“A la patria no se le usa, se le sirve”. 

“Nosotros somos una tierra pequeña, que sólo podemos engrandecernos por el amor, por la virtud, por la cultura, por la bondad”. 

“Si para nosotros no hay nada tan admirable, hermoso y grande como el hombre, nada puede ser más admirable, hermoso y grande que el pueblo dominicano”.

Las mujeres en la historia dominicana

POR FRANCISCO S. CRUZ*

  Acabo de recibir un texto histórico y sublime que es una compilación escrita y gráfica de la participación de la mujer dominicana en el proceso histórico nacional desde la fundación de la República en 1844, hasta prácticamente, nuestros días (1985). El obsequio me lo envía la viceministra del ministerio de la Mujer, Ing. Ramonita García, a quien me unen lazos de afectos, de amistad y de militancia política. “La Mujer en la historia dominicana” es el título y fue escrita por Ángela Hernández (poetisa y escritora) y Orlando Inoa (Historiador), bajo el auspicio del Ministerio de la Mujer.


“La Mujer en la historia dominicana” es una interesante panorámica histórica y gráfica que pone en perspectiva una visión cronológica (o suerte de periodización: historia-mujer) del proceso histórico dominicano -y en su dinámica- la participación protagónica de la mujer dominicana en sus diferentes roles de: mujeres patriotas, campesinas, obreras, amas de casas, intelectuales, escritoras, educadoras, académicas, deportistas, profesionales, artistas, líderes campesinas, políticas, empresarias, congresistas, munícipes, en fin, en todas las esferas de la vida pública y privada de la sociedad dominicana.

El texto es, desde otro ángulo, una retrospectiva gráfica que logra a través de sus páginas rendir cuenta de esa participación activa de las mujeres dominicanas en cada etapa de nuestro accidentado devenir histórico. En el son protagonistas: mártires, heroínas y ciudadanas ejemplares: Rosa Duarte Diez, Manuela Diez, Francisca Duarte, María Trinidad Sánchez, Concepción Bona, Juan Saltitopa, Josefa Antonia, Pérez de la Paz, Ana Valverde, Salomé Ureña de Henríquez, Ercilia Pepín, entre otras mujeres de no menos trascendencia y entrega a la patria. Y más próximo en el tiempo: Hilma Contreras, Aída Cartagena Portalatín, Las Hermanas Mirabal, Aniana Ondina Vargas Jaquez, Casandra Damirón, Florinda Soriano (mamá Tingó).

Y no estaría de más decir, que la mejor difusión de dicha obra histórica-gráfica sobre el papel de las mujeres en la historia dominicana, se lograría en las escuelas públicas y privadas, las bibliotecas públicas nacionales; pero sobre todo, en los partidos políticos que es donde predomina -en su máxima expresión- una cultura machista y excluyente ( y el ejemplo mas reciente, fue el intento, ¿o consumación?, de los partidos mayoritarios de obviar, escamotear o desconocer, con subterfugios baladíes, la proporcionalidad del 33% -referido a lo congresual y municipal- que la ley les otorga a las mujeres en la conformación de las boletas electorales) de las mujeres como actoras políticas, líderes y componentes claves en la gestión pública y privada, y también, como agente de cambio y de esperanza en la conducción del Estado. Ejemplos universales y regionales hay de sobras.

No quisiera terminar, sin antes, traer una síntesis crítica que la actual Ministra de la Mujer, Lic. Alejandrina Germán, hace en un breve texto de su autoría que aparece en la obra y que en el primer párrafo nos dice: “Es preciso modificar de raíz valores, actitudes y comportamientos que generan la convicción de que sólo el hombre hace historia. Es preciso trascender la cultura que excluye a la mujer de participar en condiciones de igualdad de los derechos y deberes en el desarrollo de una nación justa, equitativa, igualitaria, democrática y segura; respetuosa de los derechos humanos, responsable de crear las condiciones, los conocimientos, los valores, las normativas sociales y jurídicas que permitan que la cultura de la igualdad de género se imponga a la exclusión y prejuicios”. Pero También, esta precisión de los autores: “…sin pretensiones de exhaustividad, se muestra a través de procesos, hechos y figuras claves, cómo se traza el movimiento que revela la significativa participación de la mujer en la historia moderna dominicana. Ella, por esfuerzo propio, fue conquistando los espacios públicos en todos los terrenos”. ¡Magnifico!

martes, 20 de marzo de 2012

La genialidad de Chávez



El líder de la revolución cubana, en una nueva edición de sus reflexiones, destaca el talante de Estadista demostrado por el presidente Hugo Chávez, durante la presentación de su memoria y cuenta en la Asamblea Nacional tras haber sido agredido por una diputada opositora



El presidente Chávez presentó ante el Parlamento de Venezuela su informe sobre la actividad realizada en 2011 y el programa a ejecutar en el año actual. Después de cumplir rigurosamente las formalidades que demanda esa importante actividad, habló en la Asamblea a las autoridades oficiales del Estado, a los parlamentarios de todos los partidos, y a los simpatizantes y adversarios que el país reúne en su acto más solemne.

El líder bolivariano fue amable y respetuoso con todos los presentes como es habitual en él. Si alguno le solicitaba el uso de la palabra para alguna aclaración, le concedía de inmediato esa posibilidad. Cuando una parlamentaria, que lo había saludado amablemente igual que otros adversarios, solicitó hablar, interrumpió su informe y le cedió la palabra, en un gesto de gran altura política. Llamó mi atención la dureza extrema con que el Presidente fue increpado con frases que pusieron a prueba su caballerosidad y sangre fría. Aquello constituía una incuestionable ofensa, aunque no fuese la intención de la parlamentaria. Sólo él fue capaz de responder con serenidad al insultante calificativo de “ladrón” que ella utilizó para juzgar la conducta del Presidente por las leyes y medidas adoptadas.

Después de cerciorarse sobre el término exacto empleado, respondió a la solicitud individual de un debate con una frase elegante y sosegada “Águila no caza moscas”, y sin añadir una palabra, prosiguió serenamente su exposición.

Fue una prueba insuperable de mente ágil y autocontrol. Otra mujer, de incuestionable estirpe humilde, con emotivas y profundas palabras expresó el asombro por lo que había visto e hizo estallar el aplauso de la inmensa mayoría allí presente, que por el estampido de los mismos, parecía proceder de todos los amigos y muchos de los adversarios del Presidente.

Más de nueve horas invirtió Chávez en su discurso de rendición de cuentas sin que disminuyera el interés suscitado por sus palabras y, tal vez debido al incidente, fue escuchado por incalculable número de personas. Para mí, que muchas veces abordé arduos problemas en extensos discursos haciendo siempre el máximo esfuerzo para que las ideas que deseaba trasmitir se comprendieran, no alcanzo a explicarme cómo aquel soldado de modesto origen era capaz de mantener con su mente ágil y su inigualable talento tal despliegue oratorio sin perder su voz ni disminuir su fuerza.

La política para mí es el combate amplio y resuelto de las ideas. La publicidad es tarea de los publicistas, que tal vez conocen las técnicas para hacer que los oyentes, espectadores y lectores hagan lo que se les dice. Si tal ciencia, arte o como le llamen, se empleara para el bien de los seres humanos, merecerían algún respeto; el mismo que merecen quienes enseñan a las personas el hábito de pensar.

En el escenario de Venezuela se libra hoy un gran combate. Los enemigos internos y externos de la revolución prefieren el caos, como afirma Chávez, antes que el desarrollo justo, ordenado y pacífico del país. Acostumbrado a analizar los hechos ocurridos durante más de medio siglo, y de observar cada vez con mayores elementos de juicio la azarosa historia de nuestro tiempo y el comportamiento humano, uno aprende casi a predecir el desarrollo futuro de los acontecimientos.

Promover una Revolución profunda no era tarea fácil en Venezuela, un país de gloriosa historia, pero inmensamente rico en recursos de vital necesidad para las potencias imperialistas que han trazado y aún trazan pautas en el mundo.

Líderes políticos al estilo de Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez, carecían de cualidades personales mínimas para realizar esa tarea. El primero era además, excesivamente vanidoso e hipócrita. Oportunidades tuvo de sobra para conocer la realidad venezolana. En su juventud había sido miembro del Buró Político del Partido Comunista de Costa Rica. Conocía muy bien la historia de América Latina y el papel del imperialismo, los índices de pobreza y el saqueo despiadado de los recursos naturales del continente. No podía ignorar que en un país inmensamente rico como Venezuela, la mayoría del pueblo vivía en extrema pobreza. Los materiales fílmicos están en los archivos y constituyen pruebas irrebatibles de aquellas realidades.

Como tantas veces ha explicado Chávez, Venezuela durante más de medio siglo fue el mayor exportador de petróleo en el mundo; buques de guerra europeos y yankis a principios del siglo XX intervinieron para apoyar un gobierno ilegal y tiránico que entregó el país a los monopolios extranjeros. Es bien conocido que incalculables fondos salieron para engrosar el patrimonio de los monopolios y de la propia oligarquía venezolana.

A mí me basta recordar que cuando visité por primera vez a Venezuela, después del triunfo de la Revolución, para agradecer su simpatía y apoyo a nuestra lucha, el petróleo valía apenas dos dólares el barril.

Cuando viajé después para asistir a la toma de posesión de Chávez, el día que juró sobre la “moribunda Constitución” que sostenía Calderas, el petróleo valía 7 dólares el barril, a pesar de los 40 años transcurridos desde la primera visita y casi 30 desde que el “benemérito” Richard Nixon había declarado que el canje metálico del dólar dejaba de existir y Estados Unidos comenzó a comprar el mundo con papeles. Durante un siglo la nación fue suministradora de combustible barato a la economía del imperio y exportadora neta de capital a los países desarrollados y ricos.

¿Por qué predominaron durante más de un siglo estas repugnantes realidades?

Los oficiales de las Fuerzas Armadas de América Latina tenían sus escuelas privilegiadas en Estados Unidos, donde los campeones olímpicos de las democracias los educaban en cursos especiales destinados a preservar el orden imperialista y burgués. Los golpes de Estado serían bienvenidos siempre que estuvieran destinados a “defender las democracias”, preservar y garantizar tan repugnante orden, en alianza con las oligarquías; si los electores sabían o no leer y escribir, si tenían o no viviendas, empleo, servicios médicos y educación, eso carecía de importancia siempre que el sagrado derecho a la propiedad fuese sostenido. Chávez explica esas realidades magistralmente. Nadie conoce como él lo que ocurría en nuestros países.

Lo que era todavía peor, el carácter sofisticado de las armas, la complejidad en la explotación y el uso del armamento moderno que requiere años de aprendizaje, y la formación de especialistas altamente calificados, el precio casi inaccesible de las mismas para las economías débiles del continente, creaba un mecanismo superior de subordinación y dependencia. El Gobierno de Estados Unidos a través de mecanismos que ni siquiera consultan a los gobiernos, traza pautas y determina políticas para los militares. Las técnicas más sofisticadas de torturas se trasmitían a los llamados cuerpos de seguridad para interrogar a los que se rebelaban contra el inmundo y repugnante sistema de hambre y explotación.

A pesar de eso, no pocos oficiales honestos, hastiados por tantas desvergüenzas, intentaron valientemente erradicar aquella bochornosa traición a la historia de nuestras luchas por la independencia.

En Argentina, Juan Domingo Perón, oficial del Ejército, fue capaz de diseñar una política independiente y de raíz obrera en su país. Un sangriento golpe militar lo derrocó, lo expulsó de su país, y lo mantuvo exiliado desde 1955 hasta 1973. Años más tarde, bajo la égida de los yankis, asaltaron de nuevo el poder, asesinaron, torturaron y desaparecieron a decenas de miles de argentinos, y no fueron siquiera capaces de defender el país en la guerra colonial contra Argentina que Inglaterra llevó a cabo con el apoyo cómplice de Estados Unidos y el esbirro Augusto Pinochet, con su cohorte de oficiales fascistas formados en la Escuela de las Américas.

En Santo Domingo, el Coronel Francisco Caamaño Deñó; en Perú, el General Velazco Alvarado; en Panamá, el General Omar Torrijos; y en otros países capitanes y oficiales que sacrificaron sus vidas anónimamente, fueron las antítesis de las conductas traidoras personificadas en Somoza, Trujillo, Stroessner y las sanguinarias tiranías de Uruguay, El Salvador y otros países de Centro y Sur América. Los militares revolucionarios no expresaban puntos de vista teóricamente elaborados en detalles, y nadie tenía derecho a exigírselos, porque no eran académicos educados en política, sino hombres con sentido del honor que amaban su país.

Sin embargo, hay que ver hasta donde son capaces de llegar por los senderos de la revolución hombres de tendencia honesta, que repudian la injusticia y el crimen.

Venezuela constituye un brillante ejemplo del rol teórico y práctico que los militares revolucionarios pueden desempeñar en la lucha por la independencia de nuestros pueblos, como ya lo hicieron hace dos siglos bajo la genial dirección de Simón Bolívar.

Chávez, un militar venezolano de humilde origen, irrumpe en la vida política de Venezuela inspirado en las ideas del libertador de América. Sobre Bolívar, fuente inagotable de inspiración, Martí escribió: “ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos [...] jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo por la libertad…”

“… de Bolívar -dijo- se puede hablar con una montaña por tribuna [...] o con un manojo de pueblos libres en el puño…”

“… lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía.”

Más de medio siglo después el insigne y laureado poeta Pablo Neruda escribió sobre Bolívar un poema que Chávez repite con frecuencia. En su estrofa final expresa:

“Yo conocí a Bolívar una mañana larga,

en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,

Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?

Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:

‘Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo’.”

Pero el líder bolivariano no se limita a la elaboración teórica. Sus medidas concretas no se hacen esperar. Los países caribeños de habla inglesa, a los que modernos y lujosos buques cruceros yankis le disputaban el derecho a recibir turistas en sus hoteles, restaurantes y centros de recreación, no pocas veces de propiedad extranjera pero que al menos generaban empleo, agradecerán siempre a Venezuela el combustible suministrado por ese país con facilidades especiales de pago, cuando el barril alcanzó precios que a veces superaban los 100 dólares.

El pequeño Estado de Nicaragua, patria de Sandino, “General de Hombres Libres”, donde la Agencia Central de Inteligencia a través de Luis Posada Carriles, después de ser rescatado de una prisión venezolana, organizó el intercambio de armas por drogas que costó miles de vidas y mutilados a ese heroico pueblo, también ha recibido el apoyo solidario de Venezuela. Son ejemplos sin precedentes en la historia de este hemisferio.

El ruinoso Acuerdo de Libre Comercio que los yankis pretenden imponer a la América Latina, como hizo con México, convertiría los países latinoamericanos y caribeños no solo en la región del mundo donde peor está distribuida la riqueza, que ya lo es, sino también en un gigantesco mercado donde hasta el maíz y otros alimentos que son fuentes históricas de proteína vegetal y animal serían desplazados por los cultivos subsidiados de Estados Unidos, como ya está ocurriendo en territorio mexicano.

Los automóviles de uso y otros bienes desplazan a los de la industria mexicana; tanto las ciudades como los campos pierden su capacidad de empleo, el comercio de drogas y armas crece, jóvenes casi adolescentes con apenas 14 ó 15 años, en número creciente, son convertidos en temibles delincuentes. Jamás se vio que ómnibus u otros vehículos repletos de personas, que incluso pagaron para ser transportados al otro lado de la frontera en busca de empleo, fuesen secuestrados y eliminados masivamente. Las cifras conocidas crecen de año en año. Más de 10 mil personas están perdiendo ya la vida cada año.

No es posible analizar la Revolución Bolivariana sin tomar en cuenta estas realidades.

Las fuerzas armadas, en tales circunstancias sociales, se ven forzadas a interminables y desgastadoras guerras.

Honduras no es un país industrializado, financiero o comercial, ni siquiera gran productor de drogas, sin embargo algunas de sus ciudades rompen el record de muertos por violencia a causa de las drogas. Allí se yergue en cambio el estandarte de una importante base de las fuerzas estratégicas del Comando Sur de Estados Unidos. Lo que allí ocurre y está ocurriendo ya en más de un país latinoamericano es el dantesco cuadro señalado, de los cuales algunos países, han comenzado a salir. Entre ellos, y en primer lugar Venezuela, pero no solo porque posee cuantiosos recursos naturales, sino porque los rescató de la avaricia insaciable de las transnacionales extranjeras y ha desatado considerables fuerzas políticas y sociales capaces de alcanzar grandes logros. La Venezuela de hoy es otra muy distinta a la que conocí hace solo 12 años, y ya entonces me impresionó profundamente, al ver que como ave Fénix resurgía de sus históricas cenizas.

Aludiendo a la misteriosa computadora de Raúl Reyes, en manos de Estados Unidos y la CIA, a partir del ataque organizado y suministrado por ellos en pleno territorio ecuatoriano, que asesinó al sustituto de Marulanda y a varios jóvenes latinoamericanos desarmados, han lanzado la versión de que Chávez apoyaba la “organización narco-terrorista de las FARC”. Los verdaderos terroristas y narcotraficantes en Colombia han sido los paramilitares que le suministraban a los traficantes norteamericanos las drogas, que se venden en el mayor mercado de estupefacientes del mundo: Estados Unidos.

Nunca hablé con Marulanda, pero sí con escritores e intelectuales honrados que llegaron a conocerlo bien. Analicé sus pensamientos e historia. Era sin dudas un hombre valiente y revolucionario, lo cual no vacilo en afirmar. Expliqué que no coincidía con él en su concepción táctica. A mi juicio, dos o tres mil hombres habrían sido más que suficientes para derrotar en el territorio de Colombia a un ejército regular convencional. Su error era concebir un ejército revolucionario armado con casi tantos soldados como el adversario. Eso era sumamente costoso y virtualmente imposible de manejar; se torna un imposible.

Hoy la tecnología ha cambiado muchos aspectos de la guerra; las formas de lucha también cambian. De hecho el enfrentamiento de las fuerzas convencionales, entre potencias que poseen el arma nuclear, se ha tornado imposible. No hay que poseer los conocimientos de Albert Einstein, Stephen Hawking y miles de otros científicos para comprenderlo. Es un peligro latente y el resultado se conoce o se debiera conocer. Los seres pensantes podrían tardar millones de años en volver a poblar el planeta.

A pesar de todo, sostengo el deber de luchar, que es algo de por sí innato en el hombre, buscar soluciones que le permitan una existencia más razonada y digna.

Desde que conocí a Chávez, ya en la presidencia de Venezuela, desde la etapa final del gobierno de Pastrana, siempre lo vi interesado por la paz en Colombia, y facilitó las reuniones entre el gobierno y los revolucionarios colombianos que tuvieron por sede a Cuba, entiéndase bien, para un acuerdo verdadero de paz y no una rendición.

No recuerdo haber escuchado nunca a Chávez promover en Colombia otra cosa que no fuera la paz, ni tampoco mencionar a Raúl Reyes. Siempre abordábamos otros temas. Él aprecia particularmente a los colombianos; millones de ellos viven en Venezuela y todos se benefician con las medidas sociales adoptadas por la Revolución, y el pueblo de Colombia lo aprecia casi tanto como el de Venezuela.

Deseo expresar mi solidaridad y estima al General Henry Rangel Silva, Jefe del Comando Estratégico Operacional de las Fuerzas Armadas, y recién designado Ministro para la Defensa de la República Bolivariana. Tuve el honor de conocerlo cuando en meses ya distantes visitó a Chávez en Cuba. Pude apreciar en él un hombre inteligente y sano, capaz y a la vez modesto. Escuché su discurso sereno, valiente y claro, que inspiraba confianza.

Dirigió la organización del desfile militar más perfecto que he visto de una fuerza militar latinoamericana, que esperamos sirva de aliento y ejemplo a otros ejércitos hermanos.

Los yankis nada tienen que ver con ese desfile y no serían capaces de hacerlo mejor.

Es sumamente injusto criticar a Chávez por los recursos invertidos en las excelentes armas que allí se exhibieron. Estoy seguro de que jamás se utilizarán para agredir a un país hermano. Las armas, los recursos y los conocimientos deberán marchar por los senderos de la unidad para formar en América, como soñó El Libertador, “…la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riqueza que por su libertad y gloria”.

Todo nos une más que a Europa o a los propios Estados Unidos, excepto la falta de independencia que nos han impuesto durante 200 años.

Fidel Castro Ruz

Enero 25 de 2012

8 y 32 p.m.

lunes, 19 de marzo de 2012

María Trinidad y el referendo necesario


Marino Vinicio Castillo R.

Quizá ha llegado el tiempo de hablar de esto. Nuestra patria es bien peculiar a los ojos del mundos; Una bandera en cruz; los evangelios en el escudo y Dios Patria y Libertad como lema. Sumado a ello que son tres egregios sus Padres Fundadores.

Examinando ese conjunto de símbolos quedaríamos convencidos de que nuestras vicisitudes de hondonada las hemos superado por el sacrificio de nuestros héroes y mártires, que quedaron bajo su palio.

Me ocurre que desde muy niño sentí fascinación por una figura inmensa de nuestra independencia: María Trinidad Sánchez.

Y es tal mi edad de hoy que el sentimiento se me ha hecho antiguo. No se trata, pues, de un reclamo de género, aunque admito es tan potente la moda de éste que podría ayudarme a resultar comprendido.

No he podido jamás, al oir su nombre, apartar la congoja de imaginármela en el patíbulo.

No he podido nunca salir de mi asombro iracundo al saberla fusilada con la nefasta exactitud del primer aniversario de la gloriosa gesta. Aunque creo que con esta hazaña el crimen se encargó, sin proponérselo, de escribir la biografía del valor nacional.

No he sabido racionalizar cómo se ha podido tolerar que sus restos venerados fueran afrentados por los de su verdugo en el panteón del reposo de los grandes nuestros.

En esas cenizas de ella y de otras víctimas del verdugo está el mejor ADN del pueblo, pero Duvergé como los Puello, son muestra de rencores de la guerra, de envidia a sus méritos, pero lo de María Trinidad fue asesinato simbólico de la Independencia.

Ahora puedo entender mejor que tal vez ha habido entre nosotros un ejercicio prolongado de varonilismo; que a la hora de reconocer y exaltar a nuestros próceres superiores, la mujer que fuera María Trinidad Sánchez resultó respetada y elogiada ciertamente pero no exaltada en plenitud a la gloria nacional; y para ello le hubiesen bastado sus palabras, ya formando el piquete: “Cúmplase en mí tu voluntad, Señor y sálvese la República.” Ya ella presentía que lo alcanzado sería entregado al oprobio de la abolición siniestra del anexionismo.

El verdugo, bestia de raza al fin, también intuyó que aquel pecho de la patria se opondría tenazmente a lo que luego hiciera, cuando creyó encumbrarse en su Marquesado.

Ahora que ha caminado tanto la historia, es tiempo de proponer enmiendas profundas a sus deformaciones.

Duarte, el sueño, tardó la gratitud para reconocerlo; su sublime desprendimiento, sus velas para el sustento en la desdicha del ostracismo, amortajado con camisón ajeno, lejos de santificarle en su tiempo de vida, no el bastaron para quedar ileso de la inicua maledicencia.

El apóstol Martí tuvo que escribir su justa y maravillosa apología, cando se recaudaban fondos para perpetuarle en el bronce de la estatua y sólo así pareció retroceder la bajeza del provincialismo artero que tuvo que silenciarse y terminar de admitir a regañadientes que la grandeza de aquel gigante del ideal no era de artificio.

Mella, expirando en casa de piso de tierra, clamando por la bandera como sudario en su último hálito, no sin tropiezos se abrió paso en el reconocimiento público y triunfó finalmente su rememoración como acto de justicia.

Y Sánchez en El Cercado, abatido por el verdugo de siempre, reclamando toda la responsabilidad con su autoacusación de defensa, humillando la cobardía de sus ejecutores y consagrando para siempre la virilidad del ´44, buscando restaurar la perdida independencia.

Luego Luperón, fogonaza de la epopeya, colmándose de gloria en los campos ardidos de la guerra, pero reconociendo con humildad de santo que la hazaña verdadera dormía en el lecho del febrero eterno.

Todas esas glorias, todos esos hombres, a no dudar sintieron por María Trinidad un dolor de siempre. Si pudiéramos consultarles en la dimensión gloriosa en que se encuentran sobre el significado de aquella inmolación, no contendrían su mayor admiración y respeto de aquel episodio que, lejos de ser luctuoso, resultó aurora para la nación recién nacida.

Sánchez, en su discurso forense sin paralelo, cuando habló de la necesidad de seguir derramando sangre de los Sánchez por la libertad y la independencia, pensó en ella.

Según dije, la historia no se ha detenido y como no sabe de fatigas en ella siempre habrá tiempo de reajustar las injusticias.

Hagamos una conmovedora rectificación de errores y silencios y María Trinidad Sánchez proclamemos que ha debido ser reconocida como Madre de la República y que sus restos deben descansar junto a los insignes Padres de la Patria.

Confieso que no ignoro que lo que pretendo no es de fácil realización; que no habría ley, ni partido político, ni opiniones ilustradas algunas capaces de irrumpir en el Altar de la Patria con otros huesos.

Así lo siento, porque nadie me supera en el respeto de ese lugar sacrosanto de los adalides fundadores. Sin embargo, pienso que ya tenemos un instrumento jurídico de vanguardia que nos permitiría hacerlo, pues el pueblo, y sólo el pueblo, podría autorizar una acción de magnitud tan colosal: me refiero al Referendo.

Organizarlo para el bicentenario del nacimiento del padre fundador Juan Pablo Duarte, reclamándole al pueblo su opinión acerca de si aprueba, o no, que los restos de esa madre de la patria sean alojados junto a los inmarcesibles en la Plaza Independencia.

Sería una manera de renovar todos los bríos del patriotismo. Allí estaría ella, además, representando el nivel más sublime de la mujer dominicana, cuyo decoro expusiera al sol cuando expresara en sus últimas palabras que le zurcieran los ruedos para caer con la dignidad debida.

Un referendo para un tema nacional trascendental nos elevaría los sentimientos más formidables de amor y nos haría más fuertes en el ejercicio democrático.

Lo propongo en la esperanza de que, al abrigo de nuestra Constitución, pudiéramos emprender esa proeza del espíritu de justicia del pueblo nuestro. Como nación sólo nos engrandecería tan bello gesto.


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COMENTARIOS 1  

Comentó: sopena22
De: República Dominicana
Urgente es reconocer a los que nunca dudaron que la patria es siempre la causa del honor, desechando las mudanzas en la historia y elevar a los que encarnaron en su diestra la dignidad y en su pecho la vergüenza de la patria menazada por intrépidos traidores. Referendum, ejemplar justa cívica.

martes, 13 de marzo de 2012

"Qué es un hecho histórico"


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Por: Juan Bosch
(Tomado de Política: teoría y acción, Año 11, No. 129, dic., 1980. En las fotos: Juan Bosch, 2) Bosch acompañado de Diómedes Núñez Polanco, Freddy Beras Goico y José Rafael Lantigua, actual Secretario de Cultura, 3) Portada de "Composición Social Dominicana) 

Francis Fukuyama, hijo de japoneses pero nacido en Estados Unidos, escribió hace poco tiempo un artículo que tituló El final de la historia con el cual promovió respuestas generalmente condenatorias de la tesis que exponía bajo ese título porque a juicio de los autores de esas respuestas la historia no tiene ni tendrá fin debido a que el nombre de historia se les da a los relatos de los acontecimientos que son o fueron importantes, aun de aquellos en cuyos orígenes o desarrollo no hayan tenido que ver los seres humanos pero han causado mortandades y destrucciones importantes. 

Por ejemplo, para los dominicanos el terremoto que destruyó La Vega hace cuatro siglos fue un hecho histórico y debido a que lo fue figura en la historia de nuestro país, pero también lo fue, y sigue siéndolo, la muerte de Ulises Heureaux, acontecimiento en el que la víctima fue sólo una persona, y por cierto una persona que no murió en una batalla ni fue victimado por un grupo de enemigos suyos sino por un hombre, uno nada más, cuyo nombre nadie conocía fuera de Moca, la ciudad donde le tocó a Heureaux morir.

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El artículo de Francis Fukuyama no tuvo una acogida buena; de los que lo comentaron, la mayoría opinó que El final de la historia estaba mal concebido y, desde luego, mal titulado, porque mientras haya acontecimientos que tengan importancia para los pobladores de la Tierra habrá hombres y mujeres que los relatarán, y la historia es el relato de un hecho, o de cien hechos, capaces de llamar la atención de los seres humanos, sean éstos muchos, pocos o uno solo. Para esas personas, la historia tendrá fin cuando no aparezca en todo el mundo un ser humano capaz de escribir o contar de palabra los pormenores de un suceso, grande, mediano o minúsculo, que llamara la atención de otra gente.

Los hechos históricos son de índole y categoría muy variadas porque perduran en el conocimiento de los hombres sin tomar en cuenta si se trata de actividades positivas o negativas, morales o inmorales. Podemos comparar el caso de la muerte de Ulises Heureaux, conocido sólo de los dominicanos, con el asesinato de Julio César, que no fue un hecho moral ni produjo beneficios para Roma o para lo romanos, y ni siquiera para el autor de esa muerte; sin embargo fue un hecho histórico de categoría mundial porque ha perdurado en el conocimiento de millones y millones de seres humanos a través de varios siglos.

 Lo mismo puede decirse de los hechos en que participaron en papeles de protagonistas personajes como Jesús, Lutero, Mahoma, Juana de Arco, Napoleón, Bolívar, Washington; acontecimientos como el descubrimiento de América, las revoluciones norteamericana, francesa, rusa; la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

Hay hechos históricos que no tienen la menor relación con sucesos políticos como fueron los que encabezaron Napoleón Bonaparte, Alejandro Magno o Abraham Lincoln. Esos hechos son los descubrimientos científicos como los de Galileo y Newton, o para referirme a casos más cercanos, como los de Pasteur y Fleming, cuyas aportaciones a la Medicina han resultado en la salvación de la vida de millones de seres humanos.

 Pero también han sido hechos históricos las creaciones de tipo cultural, tanto las literarias como El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha o Cien años de soledad o de esculturas como la Venus de Milo, y de música como el Réquiem de Mozart.

Los hechos o acontecimientos históricos se diferencian de los corrientes o usuales en su perdurabilidad, palabra que significa larga duración, y en su caso, perduran durante siglos y siglos en la memoria de la humanidad o de un pueblo, o dicho de otra manera, los hechos históricos son aquellos que no se pierden en el olvido de las generaciones que han heredado su conocimiento.

Hay casos en que no se sabe quiénes hicieron tal obra, y se trata de obras que fueron ejecutadas en tiempos tan lejanos como el que corresponde a la prehistoria, es decir, a los tiempos en que no podía haber historia porque no se conocía la manera de transmitir a generaciones humanas futuras la descripción de los hechos que iban sucediendo. Por esa razón se llama prehistoria a la suma de los acontecimientos que sucedieron en el mundo antes de que los seres humanos pudieran elaborar documentos históricos, esto es, documentos en los que se describieron acontecimientos importantes que habían sido escritos por personas que participaron en ellos o que los conocieron en todos sus aspectos.

Tomando en cuenta que los primeros homínidos o grupos ancestrales de la familia biológica del hombre actual datan de una época cuya edad se remonta a los cuatro o cinco millones de años, podemos afirmar que la prehistoria duró varios millones de años. Según las autoridades de la materia el paleolítico fue la primera época, no de la historia sino de la prehistoria, y duró por lo menos un millón de años, y al paleolítico le siguió el mesolítico (que va de los 12 mil a los 10 mil años antes de Cristo). Del paleolítico se dice que lo más lejos que llegó el hombre en esa etapa de la prehistoria fue a dominar el simple tallado de la piedra, como lo hacían los indios arcaicos (pre taínos) de nuestra isla que percutiendo y presionando piedras unas contra otras construían rústicos instrumentos que utilizaban para variados fines.

Si es cierto que los indígenas del paleolítico de Quisqueya (3 mil a 4 mil años antes de Cristo) estaban tan atrasados, en lo que hoy es la provincia española de Santander se desarrolló desde mucho tiempo atrás la cultura magdaleniense (35 mil a 20 mil años antes de nuestra era), que dejó en las paredes de piedra de las cuevas de Altamira nada menos que 150 pinturas de animales, algunas de hasta 162 metros cuadrados, todas hechas con colores rojo, negro y violeta, y necesariamente, los que hicieron esas pinturas tuvieron que crear el material pictórico y algo parecido a las brochas que se usan en la actividad de pintar, y además debieron hacer algo parecido a escaleras o tuvieron que picar las paredes de las cuevas para subir hasta los sitios donde harían las pinturas.

A pesar de lo que acaba de leer el lector, las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira ni ninguna hecha en su época es o ha sido hecho histórico. Para que alcance la categoría de histórico un hecho o acontecimiento tiene que ser conocido universal o nacionalmente, lo cual no significa que debe ser aprobado en todo el mundo, en una gran parte del mundo o en el país donde se produjo.

 Los hechos que produjo Napoleón Bonaparte fueron aprobados por sus partidarios y rechazados por sus adversarios y enemigos, pero el conjunto de esos hechos fueron históricos y siguen siéndolo, porque jugaron un papel de suma importancia en la historia de Francia y en la de muchos otros países.

Ahora bien, el personaje que ejecuta hechos históricos se convierte en una figura histórica. Ese es el caso de Juan Pablo Duarte, que no participó en ninguna de las batallas que se llevaron a cabo para fundar el Estado que él bautizó de antemano con el nombre de República Dominicana, y sin embargo otros que dedicaron la mayor parte de su vida a hacer la guerra, como sucedió en los casos de Demetrio Rodríguez y Desiderio Arias, para mencionar sólo dos, no llegaron a ser personajes históricos a pesar de que algunos de ellos fueron agasajados con música y letra de merengues.

En cuanto a Francis Fukuyama y su artículo El final de la historia no creo que sea necesario refutar lo que dijo. El hombre tiene memoria y sin ella la vida humana sería muy diferente de lo que es. Para el conjunto llamado humanidad su memoria es la historia, y la necesita a tal extremo que la inventa en el género literario llamado novela, y Francis Fukuyama no es historiador pero tampoco es novelista. Santo Domingo, D. N. 5 de septiembre de 1990.

Publicadas por Alejandro Paulino R.
Etiquetas: Historia dominicana, historiadores, Juan Bosch



jueves, 8 de marzo de 2012

Día Internacional de la Mujer: sus orígenes


Cada 8 de marzo se celebra la fecha a nivel mundial.
Dos hechos importantes marcan el inicio de la celebración del Día Internacional de la Mujer, ambos vinculados a la lucha por los derechos de igualdad.

El Día Internacional de la Mujer es cuando las mujeres de todo el mundo celebran su participación en todas las áreas del desarrollo humano que producen avances positivos. Y aprovechan para recordar los escollos que impiden que esa participación haga posible la armonía social y posibilidad de mejoramiento general de sus condiciones de vida.

¿Por qué el 8 de marzo? Aunque se cree que la primera convocatoria tuvo lugar en 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza y luego se extendió su conmemoración a numerosos países, casi todas las investigaciones sobre el origen de esta fecha coinciden en afirmar que su razón de ser está ligada a dos acontecimientos ocurridos en Estados Unidos.

El primero refiere una gran marcha de trabajadoras textiles, un 8 de marzo del 1857, donde miles de mujeres protestaron en los barrios adinerados de Nueva York en protesta por las miserables condiciones de las trabajadoras.

Un segundo episodio ligado a esta conmemoración relata que en 1908, 40 mil costureras industriales de grandes factorías se declararon en huelga, en demanda del derecho de unirse a los sindicatos, mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil.

Se estima que en esa huelga murieron quemadas 129 trabajadoras en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, Nueva York. La versión difundida sobre este funesto acontecimiento da cuenta de que los dueños de la fábrica habían encerrado a las trabajadoras para forzarlas a permanecer en el trabajo y no unirse a la huelga.

Manifestación

El primer Día Internacional de la Mujer fue organizado en los Estados Unidos, el último día de febrero de 1908, cuando mujeres socialistas llamaron a manifestaciones públicas para luchar por el derecho de la mujer al voto y por sus derechos políticos y económicos.  Para el 1909, en fecha similar, 2 mil personas asistieron a una demostración para celebrar el Día de la Mujer en Manhattan, Nueva York. En 1910, feministas y socialistas se unieron a la celebración de este día de movilización popular.

El 8 de marzo se instituye en Dinamarca, en 1910

Fue en la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas, que tuvo lugar en Copenhague, Dinamarca, el 27 de agosto de 1910, cuando se estableció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

A esta conferencia asistieron más de 100 delegadas de unos 17 países representando sindicatos, partidos socialistas y organizaciones de trabajadoras.Esa fecha se conmemora también en las Naciones Unidas y es fiesta nacional en muchos países.

elcaribe.com.do

jueves, 1 de marzo de 2012

Cleopatra y Livia, las dos damas de hierro de la antigüedad



UNIÓN EUROPEA.- Saliéndonos de de los actuales momentos y regresándonos a los tiempos más antiguos nos encontramos con las dos mujeres que tuvieron más poderes en aquella época dentro de un mundo de hombres que regían con manos duras los asuntos de Estado sin que alguna vez tuviera  alguien que llamarles presidentes, sino emperadores que era  lo mismo que “El César”.

  Se trata de Cleopatra y Livia, dos mujeres excéntricas que aprovecharon las bondades y la fuerza del poder, se los dieron y lo utilizaron con toda gallardía é inteligencia manipulando con ello todo tipo de intereses que sus hombres fueran estos emperadores o no, lo cierto es que tenían que obedecer a sus consejos, aunque no fueran atinados para ser aplicados a la política que se ejercía en la época cesariana.
Estas dos mujeres consideradas las damas de hierro imperiales al menos eran bonitas, capaces de seducir a cuantos hombres tocaran sus miradas.

  Cleopatra, La reina epgicia que primeramente fue casada con uno de  sus hermanos testamentariamente por la voluntad de su padre Ptolomeos, de quien posteriormente fue su rival en el apogeo de la lucha de poder a quien envenenó para conservar el control del mismo, ella además de la seducción a Julio César, quien era muy conocido por su relaciones con distinguidas damas casadas con hombres muy poderosos del imperio romano, también sedujo a otros grandes hombres.

  Pero a Cleopatra, la dama de hierro epgicia ningún hombre de la tierra hubiese sido capaz de resistir la tentación de rendirse por ante  la perfección de la belleza femenina  de la época, ya que ella no sólo fue la mujer más bella de aquel entonces, sino también la de mayor poder de decisión en un mundo imperial que por lo general solo los hombres eran quienes por la fuerza y a través de sus luchas lograban conquistar esos poderes.

   Luego se alió a Marcos Antonio, relación que le trajo la muerte, cuando este fue vencido por sus adversarios, Cleopatra optó por quitarse la vida utilizando a un áspid que mandó a buscar con una de sus serviles en una cesta de fruta, temiendo a la derrota epgicia  por parte del imperio romano; de no haber tomado la medida de auto suicidio hubiese terminado como una esclava cualquiera al servicio del imperio en Roma después de haber tenido todos los poderes de Estado y al pueblo epgicio rendido a sus pies.

  En cambio Livia Drusa, que también fue considerada como la mujer más hermosa del imperio romano, casó en primeras nupcias con su primo Tiberio Claudio, a quien le dio dos hijos: Tiberio Claudio Nerón y Druso, luego se divorció y pasó a ser la tercera esposa de de Otaviano, quien al recibirse como primer el emperador de Roma lo hizo con el nombre de Cayo César Augusto, mejor conocido como Augusto.

  Algunos historiadores (entre ellos Robert Graves) dicen que Livia fue obligada a divorciarse de su primer marido para luego casarse con Augusto, quien había puesto los ojos en la hermosura de esta bella mujer y mintieron a su marido (Tiberio) diciéndole de que estaba embarazada del emperador y contrajo matrimonio un día después de la absolución del mismo el que contó con la presencia del padre de sus hijos.

  En realidad Livia y Augusto nunca tuvieron hijos comunes, pues Druso del que se dijo estaba embarazada a la hora de su divorcio no era del emperador, sino de Tiberio su antiguo esposo.

  Luego de su casamiento Livia consiguió muchos poderes, pues fue la consejera política de su marido y manejaba sus finanzas, se dice también que fue la autora de la muerte de varios importantes miembros de la familia de su marido, incluyendo la Julia y la de Marcelo, a que en el fondo esta bella mujer tenía malos sentimientos.

  Fue considerada como la madre del imperio romano y haciendo honor a la frase de que detrás de un gran hombre existe una gran mujer, Livia fue la abuela de Germánico y Claudio, bisabuela de Calígula y Agripina la menor y tatarabuela de Nerón.

  Livia ejerció el poder que le dio su marido, el emperador Augusto y aunque fue quien manejó las finanzas del imperio romano, pero nunca pudo contar con una cuenta bancaria en Europa, en los Estados Unidos de Norteamérica o muchos menos en la isla de Caimán y como el Euro no existía como moneda fuerte para aquel entonces tuvo que conformarse con la moneda de plata imperial de nombre Caracalla y el Denario Argentum.
Por último, en el imperio bizantino existió también El Numisma, el Áureo (del latín Áureus, oro)  que además tenía un valor de dos mil  Denarios de Plata, las que fueron las monedas fuertes de los tiempos antiguos.

Autor: Olga Capellán.-